“Dulce de Mandarina”: Cuando el teatro pasa por las sensaciones

Espectáculos, Sociedad

“Sólo quería y deseaba que el público pase un momento agradable y se vaya de la obra con aire optimista”

 

Cinco Días asistió nuevamente al teatro porteño para ver ahora la obra “Dulce de Mandarina” y dialogar en exclusiva con Julieta Raponi, protagonista y una de las escritoras. Todos los viernes a las 22:30 en el teatro No Avestruz (Humboldt 1837) se puede ver el divertido y entretenido unipersonal de la histriónica actriz.

 

-¿Cómo surgió hacer la obra?
-D
esde una iniciativa mía. El año pasado, para fin de septiembre tuve un accidente y me quebré los dos codos haciendo acrobacia aérea, y escribí todo lo que no podía hacer, y qué me gustaría hacer. Walter (Velázquez, el otro escritor y director), fue unos de los primeros profesores con quien me encontré cuando recién empezaba clown. Y con él armaba rutinas para hacer varietés en San Pedro (ciudad cercana donde nací). Siempre tuvimos un humor similar, y pensé en pasarle todo lo que escribí para hacer algo. Me dijo que si quería y podía, escribíamos una obra. Al principio, no podía escribir, entonces me hacía preguntas y juntos narramos desde mis anécdotas y experiencias descontracturándolas para convertirlas en parte de la historia.

 

-¿Y el nombre?
-S
urgió porque tengo una abuela, “Pochi”, a quien admiro y quiero mucho. Sobre todo por su fuerza, ganas, firmeza y optimismo con la que transita la vida. En fin, ella vive en una casa de mi ciudad, Baradero, donde tenía un árbol de mandarinas, y era lo único que le quedaba como “patrimonio histórico” desde que compró el terreno. Uno de mis tíos se la arrancó para construir una casa y fue la primera vez que la vi triste. Ella con todas las mandarinas que quedaban me hizo dulces, tortas, budines y me las mandó a mi casa. Y ahora, que la obra existe y la repito cada viernes me di cuenta del valor importantísimo del título mas allá de la anécdota. El dulce de mandarina, si lo probás, tiene eso de la vida. Olor tentador y sabor rico pero asimismo amargo. Lo comés, pero hacés caras raras para tragarlo. Así se toma la vida mi abuela, y así también Sandra, personaje de la obra.

 

-¿Qué eventos del relato de tu personaje pasaron en la vida real?

Casi todos, pero en la historia fueron exagerados y transformados. El accidente del principio de la obra, toda la secuencia del desayuno por ejemplo es real. Haría una obra solo del desayuno. La invasión de mosquitos, mientras miro una serie y no poder matarlos porque no tengo brazos también es real. La parte de la liberación, de sentir la capacidad de volver a hacer todo otra vez como si nada pasó, y que eso es sólo una ilusión porque cuando te sacan los yesos cuesta mucho recuperar la movilidad. Que me roben en un colectivo también es verdad. Este verano, luego del accidente, la rehabilitación. Decidí tomarme una semana de vacaciones en Uruguay y de paso hacer una rutina de clown a un teatro de Montevideo. La primera noche que iba en colectivo a conocer playas, el señor al lado de mi asiento me robó todo: cámara, anteojos de ver y sol, billetera, pastillas. Exactamente todo lo que dice Sandra que le robaron (se ríe). Sólo me dejaron el vestuario de mi payasa. Otra situación real, es cuando la policía me revisa todas las cosas, hasta me hace abrir toallitas. Hace dos años otras, me fui de viaje al norte Argentino con una amiga y viajamos a Cachi (pueblito al que sólo se llega en auto y lo conseguimos con el dedo). Estábamos muy contentas y de repente nos frena la policía en un auto que no era nuestro, donde íbamos de acompañantes y resulta ser que el auto estaba lleno de marihuana, y nos revisaron todo, porque no nos creían que no teníamos nada que ver con los conductores que nos llevaban al pueblo.

 

-¿Qué tenés en común con el personaje? ¿Sos tan histriónica como se ve?

Sandra muestra todo lo que a Julieta le da vergüenza de su vida. Sandra es todo lo ridículo de mí. Pero que existe y lo tengo.

 

-Si no fueras actriz y tenés que elegir alguna de las profesiones que se ven en la obra, ¿cuál elegirías? ¿Por qué?

Si no fuera actriz, siempre me pregunto qué sería. Y de verdad no sé. Me gustaría ser repostera. Y lo eligiría porque me encantan las tortas y lo dulce. De hecho es una parte que sacamos de la obra, porque era muy complicada de montar.

 

-¿Qué expectativas tenías con “Dulce de Mandarina”?, ¿Las cumpliste?

Sinceramente no tenía grandes expectativas con la obra. Sólo quería y deseaba que el público pase un momento agradable y se vaya de la obra con aire optimista. Y de disfrutar yo, estar ahí divirtiéndome y confiando en lo que genera en los demás. “Agradeciendo al universo” es la expectativa que tengo ahora, viajar con la obra, conocer lugares, otros teatros, públicos, y culturas. Y juego con mi nueva profesión de productora para conseguir algunos próximos destinos del país.

 

-¿Qué planes siguen para la obra? ¿Alguna gira?

En noviembre vamos a Salta y en este mes, Baradero. Y envío materiales a festivales para el verano. Otro plan es ensayar para encontrarme con la obra cada vez más en detalle y profundidad. Desde que estrené, cuando salgo de las funciones, me escribo los puntos a profundizar o no me terminan de convencer para trabajar en la semana para el próximo viernes. Eso es lo que hago, me divierte y asusta probar cositas nuevas cada función. Si hay algo que me llevo de hermoso de esta obra, es el crecimiento conmigo misma. De confiar en mí, en mis decisiones, e historia. De mandarme, como Sandra a la vida.

 

-¿Te gusta el dulce de mandarina?

Sí. ¡Me encanta!

Martín L. Tiscornia @martintiscornia

Escrito por Redaccion

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