Entre la búsqueda y la sanación en “Alma Sabe”

Música, Sociedad

Conversamos con Eugenia Sasso sobre su disco “Alma sabe”, y nos cuenta sobre algunos temas, con sus sentidos particulares y cómo expresa indignación e impotencia en “Calladita” -que abre el disco- que compuso inspirada en el caso de Marita Verón.

 

La joven compositora, guitarrista y cantante presenta su primer disco titulado “Alma Sabe” (2017- independiente) que recorre su mundo musical a partir de canciones que exploran la guitarra y sus juegos rítmicos en un diálogo mano a mano con la voz relacionando clima sonoro y palabra intensamente.

Su vida musical también fue abordada en la nota y la emoción tan profunda de grabar un disco.

 

Elegiste llamar al disco Alma Sabe. ¿Por qué?

“Alma sabe” es el título de una de las canciones, y además es una de las ideas que atravesó el disco. En muchas de las canciones es central la presencia de una herida o angustia que no tiene nombre, cuyo origen es desconocido, y sin embargo hay una intuición que nos permite percibirla. Hay algo de este disco que intenta darles forma, plasmarlas y de alguna manera, nombrarlas, como ejercicio necesario para que curen.

 

¿Cómo es la sensación de componer, crear?
Será distinto para cada persona, y quizás sea algo que cambie a lo largo de la vida. En mi caso, fue muy liberador componer estas canciones haciendo de cuenta que son pequeños mundos donde no tengo ninguna obligación estética, más que las que yo misma considere necesarias para comunicar o transmitir. Esta idea no es absoluta, porque siempre tengo un intercambio con mis pares o personas que admiro y eso me reorienta para decidir.

 

¿Hay algún otro músico que te interese especialmente?

Leo Maslíah, Egberto Gismonti, Atahualpa Yupanqui, Baden Powell, Leo Brouwer, Erik Satie, como músicos que me cautivaron especialmente.

 

Le hiciste un tema a Marita Verón, ¿tu música es entonces ante todo política?

En realidad, “Calladita” no se lo hice a Marita Verón sino que la impunidad de su caso me motivó a escribirlo. Quise retratar, más que la opresión física, la moral que vivimos las mujeres en esta sociedad.

No creo que mi música sea ante todo política, en cuanto a temáticas. Me gustaría que mis composiciones vengan de un lugar auténtico, y asimismo, prefiero componer a partir de temáticas que realmente me conmuevan a nivel emocional profundo (como fue el caso con Calladita). A veces son directamente relacionados con la realidad social, pero no siempre.

Quizás, en otro plano, sí hay en estas músicas toma de posición que puede considerarse política: el intento de hacer música tomando herramientas del mundo de la guitarra clásica, lo heredado de mi formación musical académica, pero planteando estética propia.
Ya con un disco, cuando miras para atrás en este camino, ¿qué ves?
Un camino un poco sinuoso, lleno de dudas y preguntas, pero muy feliz de que desembocó en este disco.
¿Qué fuerzas culturales pugnan en tu música?

Es algo que no puedo saber: quizás lo sepan quienes la oigan, con algo más de distancia. Personalmente hay muchas músicas populares latinoamericanas que me gusta tocar; escuchar las mil posibilidades de la guitarra criolla, cantautores de distintas épocas y estilos, e intentar aprender de eso.
Si nos remontamos al escenario de tu infancia, tus primeros pasos con la guitarra, ¿qué imágenes aparecen?

Mi primer profesor de guitarra, Diego, que me enseñó durante años, y también mi fanatismo total hacia los Beatles, que originó aprender a tocar. Mi sueño ahí era tocar en una banda de covers de los Beatles. Tocar la guitarra fue un cambio inmenso en mi percepción de la música, un antes y después.
De chica ¿preferías la guitarra a las muñecas?

La verdad, empecé a tocar a los 12, y ya no jugaba con muñecas. De más chica, no tocaba guitarra, pero disfrutaba mucho escuchando música, bailando, y también jugando y leyendo.

Escrito por Redaccion

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