El primer peatón atropellado fatalmente por un vehículo autoconducido: ¿debate y freno?

Internacionales

A nadie del sector automotor le gusta hablar del tema, pero todos sabían que llegaría el día en el que se produjera un accidente mortal con un vehículo autónomo.

La industria suele minimizar el riesgo asegurando que los coches sin conductor son una mejora porque evitan muchas de las situaciones en las que hoy las personas provocan accidentes. Aunque por supuesto reconoce que cuando haya muchos automóviles autónomos circulando, no se podrá evitar que haya eventualmente víctimas mortales.

Sin embargo, la realidad al final fue diferente. La primera persona muerta en un atropello de un vehículo autónomo se produjo mucho antes de que los taxis robots sean cosa de todos los días en las grandes urbes. En la ciudad estadounidense de Tempe, de unos 180.000 habitantes, un coche de prueba de la empresa de transporte Uber atropelló a una mujer de 49 años que cruzaba la calle y poco después la víctima murió en el hospital. Según la Policía, el Volvo-SUV reconvertido en autónomo no hizo ningún intento de frenar.

La jefa de Policía de Tempe mostró comprensión por el conductor de seguridad que iba en el vehículo tras el volante: eran las 22:00 horas, estaba oscuro y la mujer salió de la nada y atravesó la calle fuera del paso de peatones. El conductor no la vio hasta que se produjo el atropello. Las múltiples cámaras del vehículo sirven de prueba.

Pero ¿por qué los numerosos sensores que lleva el vehículo no detectaron que una persona que empujaba una bicicleta se movía junto a la carretera y podría cruzarla? Controlar los movimientos de los otros implicados en la circulación es la tarea clave de la conducción autónoma. Para responder a esta pregunta se analizarán innumerables datos que ha recopilado el automóvil.

Un mal momento

Lo que está claro es que tanto para Uber como para todos los consorcios tecnológicos y automotores el accidente llega en mal momento, porque se juegan el futuro de los coches robot.

En Estados Unidos se están negociando a toda velocidad las reglas que se aplicarán a estos vehículos. La semana pasa Uber y Waymo -empresa hermana de Google- instaron a las autoridades a actualizar las leyes cuanto antes y despejar el camino para su tecnología. Ahora esta iniciativa queda frenada con el accidente.

Hasta ahora en la opinión pública se imponía la confianza en la tecnología y se extendió claramente la idea de que era buena para la sociedad, tanto porque más del 90 por ciento de los accidentes son causados por los seres humanos como porque sin los taxis autónomos el tráfico colapsaría en las grande ciudades.

Por el contrario, los nuevos conceptos de movilidad devolverán las calles a las personas, dijo entusiasmado en enero el director ejecutivo de Ford, James Hackett.

También la tecnología acompañaba esta sensación, ya que los pasajeros de los coches de prueba describían la experiencia como aburrida en el sentido positivo, porque el viaje transcurría de manera tranquila y sin incidentes.

Este ambiente desató una verdadera fiebre del oro. Hace siete años, cuando Google presentó su flota de automóviles robot, el sector sintió un terremoto. En la actualidad hay decenas de empresas trabajando en esta tecnología: automotrices, fabricantes de repuestos, start-ups y empresas tecnológicas como Apple, Samsung, Alibaba o Uber. Se considera que Waymo va muy avanzada, pero muchas automotrices temen depender del gigante de Internet y por eso trabajan en otras soluciones.

Se estima que el modelo de negocio cambiará drásticamente en el futuro y podría ser muy lucrativo para la industria. En la actualidad un automóvil genera unos 30.000 dólares en promedio de ingresos a lo largo de su vida útil, calculó hace poco el fabricante estadounidense General Motors. Se supone que con los taxis sin conductor esta cifra llegará rápido a los 100.000 dólares por vehículo. Y eso implica que quien siga desarrollando vehículos sin inteligencia artificial resultará perdedor a largo plazo.

Algunos creen que la seguridad será determinante para el éxito frente a la competencia: quien tenga la mejor tecnología tendrá menos accidentes y se impondrá. La confianza de las personas es la clave: las encuestas muestran de forma regular que las personas no están seguras de de si entregar el control a la computadora.

En Estados Unidos la regulación para la circulación de los automóviles autónomos va por estados, y los hay más flexibles como California. Pero ahora hay quienes piden prudencia, como el senador Richard Blumenthal, que asegura que el accidente muestra que la tecnología aún no está lista. “En nuestra prisa por permitir la innovación no podemos olvidar la seguridad básica”, dijo.

En una carta abierta a la secretaria de Transporte del país, Elaine Chao, asociaciones de consumidores solicitan que su oficina deje de actuar como un mero observador y lo haga como un supervisor decidido. El ex secretario de Transportes, Anthony Foxx, señaló que el accidente es “un llamado de alerta” para dar más prioridad a la seguridad.

Los críticos de los coches autónomos alertaban sobre todo de los casos en los que el software debía optar por sacrificar a una determinada víctima en caso de que el accidente fuese inevitable. Pero ¿por qué en el caso de la mujer de Tempe los sensores no fueron más efectivos que el ojo humano? ¿Y por qué iba el coche a mayor velocidad de la permitida? (a 38 millas por hora en vez de 35, es decir a 61 km/h en vez de a 56 km/h)

Defensores de la conducción autónoma como el fundador de Tesla, Elon Musk, recuerdan en cambio que en Estados Unidos hay al año unos 40.000 muertos en accidentes de tráfico, de ellos 6.000 peatones. Aunque los vehículos robot también se vean involucrados en accidentes, son más seguros, argumenta el empresario.

Escrito por CincoDias

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