El estremecedor relato de la periodista que estuvo en un vuelo donde murió un pasajero

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Noelia Antonelli, la cronista del Diario de Mariana, utilizó su cuenta de Twitter para contar una estremecedora experiencia que vivió en el ultimo vuelo a Roma. “Morir en el aire”, tituló la joven.

Durante su último viaja a Italia, la periodista decidió tomar una pastilla para poder dormir hasta llegar a su destino. La joven se durmió profundamente, pero su descanso fue interrumpido debido a los gritos y corridas de las azafatas que iban y venían por el pasillo del avión.

Ante esto, Antonelli, pensó que la nave estaba por estrellarse e inmediatamente buscó la máscara de oxígeno para ponérsela. Fue en ese momento cuando, el pasajero que estaba sentado junto a ella le explicó lo que estaba pasando: un pasajero se estaba muriendo.

El hombre no puedo ser salvado y murió cuando sobrevolaban el océano. Todavía faltaban siete horas para llegar a destino. Más tarde, a través de la misma red social, Antonelli se enteró de que el hombre se llamaba Cataldo y que había estado en Argentina con su mujer, Rosella, tres meses antes de tomar su vuelo final hasta Roma.

Relato en primera persona

“Llegué a Roma con palpitaciones. Hace siete horas vivía uno de los momentos más traumáticos de mi vida. En mitad de la noche del vuelo 681 de Alitalia desperté con gritos y corridas de las azafatas pidiendo oxígeno. Mi cabeza disparó lo peor, ¿nos habríamos estrellado? La pastilla que me tomé para dormir había sido tan fuerte que no había sentido el impacto.

Inmediatamente después, cuando pude razonar un poco mejor, imaginé una despresurización de la cabina y busqué arriba de mi cabeza la máscara esa que ves en los videos explicativos y que pensás que nunca vas a usar en la vida. No estaba.

Vi correr a la gente por los pasillos y a las azafatas gritar en italiano ‘tutti seduti per favore’- a los gritos, como todo en Italia, como todo en un drama.

Sentado al lado mío viajaba un señor de contextura física gigante (…) Ese señor parecía que estaba esperando que me despertara para darme la primicia: ‘Se está muriendo una persona’ – me dijo. Todo estaba pasando al lado nuestro. Teníamos el último asiento (…) Ahí no más, atrás nuestro, el caos. Ahí mismo, entre las bandejas de comida, entre el pollo y la pasta. Entre los jugos de naranja y los panes secos, ahí se estaba muriendo una persona.

Automáticamente miré el mapa con la hoja de ruta, y descubrí que estábamos exactamente en medio del Atlántico (…) Dakar era el puntito de civilización más próximo y estaba a no menos de 3 horas de distancia. Desde mi lugar se veían los pies de un hombre mayor y se escuchaba el llanto desconsolado de su esposa.

Después de un rato de reanimación, la calma, en este caso había sido lo peor. Las especulaciones de los pasajeros eran un murmullo insoportable: ‘¿Se habrá muerto?’, ‘Pobre mujer’, ‘Va a tener que venir la policía porque somos todos sospechosos’, ‘si se murió conviene ir directo a Roma y que lo bajen ahí’ y miles de estúpidos etcéteras. ¿Será que la muerte despierta idiotez? A mí me había provocado un espanto ensordecedor. Estaba sentada a dos metros de un hombre que acababa de perder la vida de un infarto a 10 mil metros de altura y sin nada más por hacer”.

Escrito por CincoDias

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