En primera persona: “Perdí mi trabajo y a mi familia por los videojuegos”

Internacionales

La tecnología llegó para quedarse, sobre todo las consolas de juegos, las cuales año a año se modifican y traen distintas entregas. Existen desde las portátiles -se puede mover o transportar con relativa facilidad- hasta las que se conectan a la televisión para ofrecer horas de diversión. También está la computadora, que te da un abanico de posibilidades a la hora de videojuegos.
Ya sea la herramienta que se utilice, los videojuegos pueden garantizarle a una madre muy ocupada, algunas horas de relax o distracción para su hijo. ¿Pero cuándo la necesidad de añadir algunas horas de diversión al día se convierte en una adicción? Este mes la Organización Mundial de la Salud (OMS) catalogó como una enfermedad mental a la “adicción por los videojuegos”.

Algo que John -nombre ficticio para proteger su identidad- sabe de sobra. El británico le aseguró a la BBC que se hizo adicto a los videojuegos cuando cumplió 20 años. “Salía de trabajar a las cinco de la tarde y me iba a comprar anfetaminas (un tipo de droga que estimula el sistema nervioso central)”, reconoció el joven que no puede evitar llegar a su casa y ponerse a jugar.
Según contó, se sentaba frente a la pantalla de la computadora el viernes por la noche y permanecía ahí sentado hasta el domingo, durante prácticamente 48 horas seguidas. “Solamente me levantaba para ir al baño o para ir a buscar una cerveza o cualquier otra bebida, pero nada más. Estaba consumido por los juegos por internet”, detalló.
Fue tal la adicción que le generaron los divertidos juegos online –en su mayoría de formato RPG (Role Playing Game)- que aseguró que siempre estaba ansioso por jugar la próxima partida, obtener la siguiente matanza o conseguir el próximo récord: “Era como una droga para mí”.

Según John, esta suerte de vicio tiene mucho que ver con la autoestima de cada uno. “Quería escapar de mí mismo. Jugar a los videojuegos era una forma inofensiva de escapar de mí mismo. Nunca me sentía cómodo siendo yo mismo”, explicó este joven que perdió mucho por la adicción.

Y agregó: “Si echo la vista atrás hacia mi pasado, veo que siempre estaba muy callado y que me resultaba muy difícil encajar. Nunca tuve mucha confianza en mí mismo. Jugar era una manera muy efectiva de salir de mí mismo, de evadirme de la realidad”.
Seguramente, Jhon nunca pensó que vivir “ese simple momento durante el juego” iba a ser determinante en su futuro. “Mi pareja en aquel momento solía hacerme prometerle que pasaría tiempo con ella y con los niños porque no los veía mucho. Y yo decía: ‘Sí, mañana lo haré. Cuando regrese del trabajo no usaré la computadora’”, recordó.

Sin embargo, remarcó que al día siguiente, volvía a jugar de nuevo. “Tal vez me decía a mí mismo que sólo lo haría durante una hora, pero una vez que empezaba ya no podía parar. Terminé perdiendo mi trabajo. No tenía nada que hacer, así que terminé sentándome todo el día frente a la computadora, bebiendo, consumiendo drogas, tomando alcohol y jugando”, explicó.

El joven británico aseguró que esta “enfermedad” le terminó costando su familia y absolutamente todo lo que lo hacía feliz. Por esta razón, comenzó un tratamiento que, con el tiempo, lo terminó ayudando a superar su adicción a las drogas y al alcohol. Pese a esto, todavía está tratando de recuperarse de su dependencia a los videojuegos.

“Le digo a la gente que ya no juego. Y la verdad es que ya no lo hago… aunque lo hice un par de veces mientras estaba en recuperación. Como ‘solo’ son videojuegos, la gente piensa que uno puede ponerle freno: ‘Tan solo es un juego de computadora, ¿por qué no la apagas?’, me dicen. No se toma tan en serio como otras adicciones”, manifestó.
Y cerró: “Pero, sin duda, yo estaba consumido por ella hasta el punto de llegar a perderlo todo. Mientras estuviera sentado frente a la computadora, estaba bien. No podía ver lo que ocurría a mi alrededor porque estaba inmerso en ese mundo digital”.
La OMS remarca que se considera que existe una adicción a los videojuegos cuando se da “un comportamiento persistente o recurrente de juego -ya sea ‘online u offline- que se manifiesta a través de tres signos: La falta de control sobre la frecuencia, duración, intensidad, inicio, finalización y contexto de la actividad; Dar una prioridad creciente al juego frente a otras actividades y la continuidad de la conducta”.

Escrito por CincoDias

Leave a Reply