La trama oculta detrás del exitoso rescate de los chicos de la cueva

Internacionales

¿Cómo pudieron salir los chicos de Tailandia de la cueva con túneles inundados, pasos estrechos, sin visibilidad y sin ninguna experiencia de buceo?; ¿cómo lo hicieron si un buzo tailandés murió por falta de aire durante los preparativos de la evacuación?

Mientras ayer las autoridades difundieron las primeras imágenes de algunos de los chicos en el hospital, donde aparecen sentados en sus camas con máscaras en la cara, algunas de estas preguntas comenzaron a encontrar sus respuestas.

Es que algunos de los niños estaban adormecidos bajo un suave sedante cuando los socorristas los sacaron en camilla de la cueva en la que pasaron más de dos semanas bajo tierra.

El propio jefe de la junta que dirige Tailandia, Prayut Chan-O-Cha, afirmó que los socorristas habían dado un “tranquilizante ligero” a los niños para evitar que entraran en pánico, pero negó que hubiesen sido anestesiados.

También, un video publicado ayer por la marina tailandesa en Facebook brinda más elementos de respuesta.

Allí, se ven imágenes de algunos de los niños en camillas y vestidos con equipos de buceo durante el rescate. También aparecen buzos tailandeses y extranjeros usando poleas, cuerdas y tubos de goma para sacarlos de la red subterránea.

Varios de los niños salieron “dormidos”, afirmó además un ex miembro de la marina tailandesa que participó en la operación.

“Algunos de ellos estaban dormidos, otros movían los dedos como si estuvieran groguis. Pero respiraban”, explicó el comandante Chaiyananta Peeranarong, que fue el último buzo en salir de la cueva.

Paralelamente, varios médicos se colocaron a lo largo del recorrido de salida de la gruta para comprobar el estado de los niños y tomarles el pulso.

PELIGRO, ÉXITO Y CELEBRACIÓN

La peligrosa misión en las entrañas de la cueva de Tham Luang, en el norte del país, para rescatar a los 12 chicos y a su entrenador de fútbol, trastocó ayer en expresiones de júbilo en Tailandia, donde la exclamación “Hooyah”, heredada de la marina estadounidense y que tiene como objetivo levantar los ánimos, proliferaba en las redes sociales tailandesas.

Los socorristas, aguerridos buzos extranjeros ayudados por miembros de elite de la marina tailandesa, fueron celebrados como héroes por haber sacado a los niños de la gruta donde habían quedado atrapados el 23 de junio por la crecida de las aguas en su interior.

Tailandia recurrió a expertos extranjeros para ayudar a sus propios buzos en la operación, trece buzos de clase mundial, entre ellos el australiano Richard “Harry” Harris, anestesista y buzo, sin el que no se podría haber llevado a cabo el rescate, según el jefe de la célula de crisis, Narongsak Osottanakorn.

Los socorristas aplazaron en un primer momento la evacuación para dar tiempo a bombear el agua en el interior de la cueva, con el fin de tener que recorrer el menor tramo posible buceando. Pero ante la amenaza de nuevas lluvias, iniciaron la operación igual.

El martes, mientras los últimos socorristas abandonaban la cueva, las bombas de extracción de agua se averiaron, volviendo impracticable un paso por el que poco antes pudieron caminar hacia la salida.

“Si no se bombeaba el agua en ese lugar, sólo se podía salir con una botella de oxígeno”, explicó el comandante Peeranarong.

Los 12 niños quizás lograron salir adelante “porque estaban juntos, como un equipo, ayudándose los unos a los otros”, consideró el inspector general del ministerio de Salud, Thongchai Lertwilairatanapong, que destacó el papel del entrenador de fútbol de 25 años, quien les hizo cavar un túnel para mantenerse calientes y les enseñó técnicas de meditación para que gastaran menos oxígeno.

También el almirante de la Marina tailandesa Arpakorn Yuukongkaew, responsable de la operación de rescate, admitió que cuando conocieron por primera vez la situación de los niños su equipo solo albergaba “una pequeña esperanza” de encontrarlos con vida en el interior de la cueva Tham Luang, en la que el grupo se adentró durante una excursión el sábado 23 de junio.

“Al final, esa pequeña esperanza se hizo realidad. Debo decir que lo hicieron muy bien, especialmente el entrenador”, afirmó, y contó que “utilizaron piedras para cavar hasta cinco metros y crear un túnel que les permitiera mantenerse calientes. Por lo que sé, el entrenador era un monje budista, así que conoce técnicas de meditación y las utilizó para calmar a los niños y lograr que utilizaran tan poco aire como fuera posible”.

El almirante rindió además homenaje a su compañero Saman Gunan, que murió ahogado cuando regresaba de una misión para llevar suministros a los niños. “Esta era una misión muy arriesgada. Buceábamos en condiciones que nunca habíamos visto. Gunan era una persona sacrificada, el sacrificio que hizo fue de una enorme honorabilidad”, porque cuando este incidente ocurrió, él supo que podía ayudar, así que se presentó como voluntario. Para nosotros es un héroe”.

Escrito por CincoDias

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