Lucho Guedes: Entramos al universo de un cantautor cautivante

Música, Sociedad

El cantautor Lucho Guedes se presentará el 5 de mayo en el Cultural Morán, en el marco del festival Músicas del Sur IV, para tocar su disco “Aterrados y orgullosos”, mientras prepara la grabación de un álbum en vivo de esa jornada.

Autor, guitarrista, docente e investigador, la lírica de Guedes se remonta a la tragedia, comedia y narrativa realista.

Su obra fue declarada de interés cultural por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, premiada por el Fondo Nacional de las Artes y por AMU (instituto nacional de la música), e interpretada por artistas de una diversidad de estilos como Soledad Villamil, Liliana Herrero y Jorge Fandermole.

Del festival también participarán Flor Bovadilla Oliva, Julián Venegas y Alejandro Simonazzi.

¿Grabar es un pretexto para tocar en vivo?

Nunca escribí para grabar. En mi caso el registro es siempre posterior al proceso productivo. Primero el descubrimiento de una forma atractiva, línea de lectura y de trabajo. Después la felicidad de una lengua que empieza a funcionar sola, la alegría de la experimentación, perplejidad y emoción ante el proyecto. Finalmente, un estilo que cristaliza, una costumbre que se hace efectiva. Entonces, es hora de abandonar. Fijar una obra es un modo de despedirse de ella y pasar a otra cosa.

A casi un mes de tocar en el Morán. ¿Qué podes adelantar de esa fecha?

“Aterrados y orgullosos” reúne diez canciones inéditas con una matriz común: todas compuestas a partir de los propios rasgos musicales del texto y luego musicalizadas en el sentido más convencional del término. Todas obedecen a una estrategia narrativa similar: el monólogo interior de un personaje que dialoga con el fantasma de un ausente. La intimidad de la ficción contrasta con lo carnavalesco de la puesta en escena: yo seré un payaso alcohólico, homenaje a Hans Schnier, protagonista de “Opiniones de un payaso”, de Heinrich Böll. Alejandro Simonazzi, un pregonero desesperado intentando vendernos una medicina falsa contra todos los males. Julián Venegas, un coreuta griego perdido en el grotesco criollo y Flor Bobadilla Oliva, un enigma. Esta salvajada será filmada y grabada y así como salga será un disco.

¿Crees que hay una relación significativa entre la música y literatura?

La canción es mucho más que lo que la industria cultural del siglo XX naturalizó. En el origen de la cultura occidental hay una tradición oral cantada que luego es fijada por escrito, y cuando la técnica de la escritura se extiende, el intercambio entre el mundo de la palabra viva y su versión libresca es continuo. En la antigüedad clásica como el medioevo, en el proceso de colonización de América y en nuestro siglo XIX, clave en la constitución de las identidades nacionales y gestación de las músicas que llamamos “populares” y que definen nuestro lenguaje musical durante el siglo XX, los intercambios entre canción, teatro y literatura son determinantes. Mi proyecto artístico gira sobre la pregunta inversa: ¿Por qué en el siglo XXI damos por sentada la pureza de tres ámbitos: canción, artes escénicas y literatura?. La respuesta es infinita, pero sin duda está ligada al sentido común de la ideología liberal y sus instituciones culturales. Por eso creo que en el planteo de los problemas de la representación artística se pone en juego una forma específica de poder político.

¿Cómo ves la escena musical de Buenos Aires?

Desesperada. Nos pasamos el siglo XX enojados con la industria discográfica por su lógica mercantilista y ahora que está muerta reproducimos sus mismos fetiches en nuestras redes sociales. Ya no hay grandes sellos legitimando la posición jerárquica de las estrellas populares y eso debería ser liberador, el terreno está abierto para gestar proyectos artísticos autónomos. Sin embargo, sucede lo contrario: somos millones de consumidores de computadoras y celulares intentando construir nuestra propia celebridad para formar parte de códigos identitarios de un fantasma.

¿Cómo te posicionas dentro del circuito actual?

La dicotomía entre pensamiento teórico y creación artística es parte de un sentido común liberal que tiende a reducir el proceso productivo a la instancia de consumo. Esa abstracción es clave en la construcción del fetiche del artista generado por la industria cultural del siglo XX y luego reproducido y exacerbado hasta el grotesco en la era digital. El contexto actual de desprofesionalización de nuestra actividad es asimismo una oportunidad para recobrar el poder sobre la legitimación ideológica de nuestro trabajo y hacernos responsables de su dimensión filosófica, carácter de conocimiento, representación y postulación de la realidad. Me interesa pensar el universo discursivo sobre la canción como parte de su propia historia y no como dictamen posterior que le llega desde afuera.

A esta altura, ¿sentís que tenés que demostrarle algo a alguien?, ¿y a vos mismo?

Nunca tuve ese sentimiento sobre el arte ni creo que vaya a tenerlo alguna vez.

¿Qué bandas o artistas escuchás ahora mismo?

Ahora, estudio la obra de Joaquín Díaz, músico, escritor e investigador español que nunca dejó de pensar sus diversas actividades como una sola forma de hacer arte.

¿Qué nos recomendás a los lectores de Cinco Días?

Que no voten a Macri.

¿Cuál es el mensaje que Lucho Guedes le quiere dar al mundo hoy, año 2019?

No tengo mensajes unívocos, el poder político del arte reside en su ambivalencia y en ella confío.

Escrito por Redaccion

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